En primer lugar quiero pedir disculpas a quienes esperaban encontrar otro contenido en esta entrada a raíz del título.
Después de fracasar en el instituto y derivar mi vida hacia otras actividades nada relacionadas con el estudio y la preparación, de la mano de mi madre, con la inestimable ayuda, en forma de entrega total de mi padre y con la paciencia y el cariño de mi mujer, surgió la posibilidad de prepararme para ser universitario. La cuestión es que me hice el ánimo y después de asistir regularmente a clase durante un curso, con la suerte de tener muy buenos profesores, y con todo el bagaje que puede atesorar una persona con treinta y cinco años, en forma de experiencias y lecciones vitales recibidas, me vi frente a los exámenes de acceso y los superé cómodamente (Gracias a mi esfuerzo, pero también como he mencionado antes a la gente que me rodea y a los profesores).
Quería esperar al final de mi carrera que será, si dios quiere, al final del curso que entra, para agradecer a mis profesores de la E.P.A. su indispensable ayuda para poder acceder a la Universidad. Ahora me siento empujado a adelantar este agradecimiento con la idea de que quizás a alguien se le ocurra seguir mi ejemplo y quizás también, cambiar su vida para siempre.
Fue en la E.P.A. Miguel Hernández, en el Puerto de Sagunto, donde fui orientado, instruido y preparado para entrar en una universidad de la que hoy soy parte. Aunque en cualquier E.P.A. de cualquier pueblo y ciudad se supone que un adulto encuentra el nivel y apoyo suficiente para conseguirlo.
Hoy quiero rendir homenaje a mis profesores de entonces: Amparo, Elvira, Irene, Jose vicente, Pep y Ramón que a mi si me han demostrado su valía. A todos vosotros: Gracias por todo y por favor, seguid ayudando a los demás.
Adjunto también una foto en la que aparezco de juerga con algunos de mis compañeras y compañeros en la cena de final de curso. Nos lo pasamos pipa.

