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lunes, 24 de agosto de 2009

Escuela para adultos


En primer lugar quiero pedir disculpas a quienes esperaban encontrar otro contenido en esta entrada a raíz del título.

Después de fracasar en el instituto y derivar mi vida hacia otras actividades nada relacionadas con el estudio y la preparación, de la mano de mi madre, con la inestimable ayuda, en forma de entrega total de mi padre y con la paciencia y el cariño de mi mujer, surgió la posibilidad de prepararme para ser universitario. La cuestión es que me hice el ánimo y después de asistir regularmente a clase durante un curso, con la suerte de tener muy buenos profesores, y con todo el bagaje que puede atesorar una persona con treinta y cinco años, en forma de experiencias y lecciones vitales recibidas, me vi frente a los exámenes de acceso y los superé cómodamente (Gracias a mi esfuerzo, pero también como he mencionado antes a la gente que me rodea y a los profesores).
Quería esperar al final de mi carrera que será, si dios quiere, al final del curso que entra, para agradecer a mis profesores de la E.P.A. su indispensable ayuda para poder acceder a la Universidad. Ahora me siento empujado a adelantar este agradecimiento con la idea de que quizás a alguien se le ocurra seguir mi ejemplo y quizás también, cambiar su vida para siempre.
Fue en la E.P.A. Miguel Hernández, en el Puerto de Sagunto, donde fui orientado, instruido y preparado para entrar en una universidad de la que hoy soy parte. Aunque en cualquier E.P.A. de cualquier pueblo y ciudad se supone que un adulto encuentra el nivel y apoyo suficiente para conseguirlo.
Hoy quiero rendir homenaje a mis profesores de entonces: Amparo, Elvira, Irene, Jose vicente, Pep y Ramón que a mi si me han demostrado su valía. A todos vosotros: Gracias por todo y por favor, seguid ayudando a los demás.
Adjunto también una foto en la que aparezco de juerga con algunos de mis compañeras y compañeros en la cena de final de curso. Nos lo pasamos pipa.

sábado, 25 de julio de 2009

Delors y el tesoro de la educación


“Es el maestro quien ha de transmitir al alumno lo que la humanidad ha aprendido sobre si misma y sobre la naturaleza, todo lo que ha creado e inventado de esencial”.

El maestro que se prepare a conciencia, el que tenga inquietudes, espíritu de mejora, interés por seguir preparándose, el que sea optimista…Este es el maestro responsable que requiere la sociedad actual. El maestro que se dedique a “cumplir” la tarea, pensando en acabar e irse a casa sin reflexionar, sobre los puntos en los que puede ayudar a tal o cual alumno, cuando estos(frecuentemente) lo necesiten, no aportará nada a los demás, convirtiéndose con su actitud, en un lastre y en un auténtico parásito, que con una plaza ganada en examen, pero suspendida moralmente de manera estrepitosa en la práctica, supondrá un tapón, para aquella persona que desde abajo empuja fuerte con ideales y valores. El maestro tiene que estar en forma cuando se habla de interés y de preparación y estar perfectamente informado, de los cambios que continuamente se producen en la educación y la sociedad. Todo esto forma la base del tipo de maestro que necesitamos, siendo (con permiso un poco vulgar) un “tío”(o una “tía”) con sustancia, alguien que de verdad pueda transmitir, todo lo que un niño necesita aprender.
Rancios, apáticos, vagos, maleantes, acomodados, rácanos en su esfuerzo ¡márchense a casa!, que les tenemos calados.

miércoles, 1 de julio de 2009

Napoleón ya lo dijo


"Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un medio que preserve a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes."

A ver quien puede rebatir al emperador, hoy, dos siglos después. Nos quejamos de como van las cosas en las escuelas e institutos. Los padres y madres echamos la culpa a los maestros de no saber educar a nuestros hijos. Los maestros pensamos, que los padres no cumplen en muchos casos su papel educador de manera conveniente, además no disponemos de infraestructuras ni recursos ni contamos con la óptima ayuda de la administración. Además los maestros que tienen ganas de hacer las cosas bien se encuentran en muchos casos con una miserable resistencia de colegas incompetentes y acomodados, más pendientes de sus derechos que de las necesidades de los estudiantes, contrarios a cualquier progreso. Padres y maestros coinciden en señalar a los medios de comunicación, sobre todo a la televisión como causa determinante de la desidia y la violencia de nuestros jóvenes, debido a un contenido de poca calidad y a un formato por lo menos discutible. Lo único que interesa es copar las listas de audiencia y llenar los bolsillos de sus ejecutivos y directivos. ¿El Gobierno? Las batallas continuas entre nuestros gobernantes estatal y autonómicos buscando su propio beneficio, han provocado que se descuide el objeto real de la educación: la formación de un individuo feliz dentro de una sociedad en la que participa e influye y a la que un día dirigirá, formando nuevos miembros. Pues bien, están haciendo todos el ridículo mientras nuestros jóvenes están desnortados. Disponemos de muchos más recursos que nuestros padres y no digamos que nuestros abuelos. Ellos habitaron un país que se levantaba de una cruel guerra entre hermanos, luchaban cada día para poder comer y en muchos casos la necesidad les obligaba a dejar el colegio, con lo que apenas sabían leer y escribir. A día uno de julio de dos mil nueve, en España se obliga a educar a los niños hasta los dieciséis años. Esto es mentira. Se obliga a asistir al aula, pero educar, se educa poco. Esto es una realidad ¿Qué falla? ¿Por qué estamos a la cola, no de los países desarrollados a los que desde la utopía nos queremos comparar, sino del total de los países del mundo, en nivel educativo?
La hemos jodido. La próxima generación hereda de nosotros un mundo desastre, sin valores, sin educación, sin libertad, sin principios, sin futuro. Todos los pasos que se dan a favor de cambiar esta situación, son obras de cara a la galería. Todo boquita. Nada de efectividad. No sé de quien es la culpa de está situación, pero si sé que la responsabilidad de cambiar esto, está en las manos de todos y sobre todo de quienes dirigen este país, que ya después de tantos años de democracia y tantos años enriqueciéndose a costa de todos deberían haber aprendido algo, ¿no?
El gran Napoleón, parece que estuviera pensando en nosotros cuando dijo esto.

martes, 23 de junio de 2009

Jacques Delors afirma



La educación no puede resolver por si sola los problemas que plantea la ruptura (allí donde se da) del vinculo social. De ella cabe esperar, no obstante, que contribuya a desarrollar la voluntad de vivir juntes, factor básico de la cohesión social y de la identidad nacional.
La escuela sólo puede llevar a buen puerto esta tarea si, por su parte, contribuye a la promoción e integración de los grupos minoritarios, movilizando a los mismos interesados, cuya personalidad debe respetar”.



Casi me emociono al leer estas frases. ¿Son utópicas o milagrosas en su posible o imposible plasmación en los hechos? ¿Cómo se puede conseguir que las personas procedentes de barrios marginales se adapten a la convivencia con las que podemos calificar como normales? ¿Aceptarán las estiradas (en algunos casos) familias de los niños más favorecidos, procedentes de barrios más “selectos”, el “mestizaje” de los niños más desfavorecidos con los propios? ¿Es esto el optimismo tan cacareado por los teóricos de la educación, o corresponde más a una ilusión que no se cree nadie? ¿No alcanzamos el límite de lo imposible si tenemos en cuenta también, la cantidad de extranjeros de distintas razas y etnias que pueblan nuestro país? ¿De verdad los grupos marginales persiguen la adaptación? ¿Alguien piensa, en serio que los grupos más favorecidos ayudarán para la necesaria unión e igualación de todas las personas? ¿Mi enorme ilusión por que así sea, me permitirá ser realista, consciente y estar a la altura o no me permitirá serlo? Dentro del campo de la Sociología y gracias a diversas publicaciones, hemos conocido casos de maestros que acuden a cárceles para hablar con padres que están presos, otros que acuden a barrios marginales dónde viven los alumnos, cuando estos faltan a clase, consiguiendo en muchos casos, la asistencia a clase normal de estos alumnos y unos resultados académicos similares a los de los demás niños, con lo que en esas ocasiones se ha logrado el éxito. Es cierto no obstante, que toda la voluntad del mundo por parte de los maestros, no garantiza el triunfo total y general a menos que los privilegiados sociales y las administraciones, apoyadas por políticas integradoras no se vuelquen con el proyecto, ante esta situación ¿Todavía debemos ser optimistas? ¿Pasamos al vagón de los ilusos?...
Si hoy ponemos todo de nuestra parte, queda la esperanza de que en las próximas generaciones, estos temas ni tengan que ser planteados (¿Me habré pasado de iluso?).

lunes, 8 de junio de 2009

Freire y sus ideas


“El diálogo auténtico-reconocimiento del otro y reconocimiento del sí en el otro- es decisión y compromiso de colaborar en la construcción del mundo común. No hay conciencias vacías, por esto, los hombres no se humanizan sino humanizando el mundo. En lenguaje directo: los hombres se humanizan, trabajando juntos para hacer del mundo, cada vez más, la mediación de conciencias que se coexistencian en libertad”.


La característica principal de la teoría de Freire es la apuesta por la unión de las conciencias subjetivas en la búsqueda de la transformación del mundo. El diálogo debe derivar en una actitud de lucha y de acción común. La enseñanza debe ser esencialmente concientizadora de masas, y no el mero "aprendizaje" de ciertos contenidos. Se forman y se construyen los hombres mientras forman y construyen libremente el mundo que juntos quieren.
Asumiendo el pensamiento de Freire, cuyas ideas otorgan la máxima importancia a la educación entre y con los hombres y a la relación- hombre mundo, es fácil entender el significado que para el autor tenía humanizar. Humanizarse no es posible si no persigues también la humanización del mundo. No es posible si todos los humanos no tenemos el mismo objetivo. Para Freire, la enseñanza debe ser esencialmente concientizadora de masas, y no el mero "aprendizaje" de ciertos contenidos. Por otro lado la educación de los individuos llega a su máximo punto de eficacia si se realiza en grupo. Para poder contribuir a la humanización, tanto a la suya propia como a la del mundo, que insisto, no es posible realizarlas de manera independiente, el educando debe recibir una educación totalmente contextualizada, una enseñanza abierta, que no omita la vida y experiencias de los alumnos, una forma de actuar que nos permita obtener una educación en valores, una educación verdadera, más cercana, más creíble, más adecuada a la realidad y a las necesidades inmediatas de las personas, a los asuntos que realmente les preocupan. En la actualidad podemos observar como en las aulas se educa sobre temas sociales, políticos, sexuales, religiosos…con relativa normalidad. Los maestros tienen ideologías y creencias propias que intentan transmitir a sus alumnos en general con sanísima intención, ya que enseñan sobre lo que están convencidos. Hoy se puede hablar de casi cualquier cosa en las aulas, aunque esto no siempre ha sido así, ya que durante años los temas mencionados anteriormente eran temas tabú, la gente tenía miedo a opinar si sus pensamientos se encontraban lejos de la realidad impuesta. ¿Dónde está el límite entre lo qué es y lo que yo considero qué es? Esta es la pregunta que en clase tendré que formularme ante ciertas cuestiones para ser justo con la realidad y con el alumno, al cual mis ideas pueden influenciar decisivamente, unas ideas que hoy tengo y que como soy una persona abierta al cambio si es necesario, algún día puedo modificar, con lo que los pensamientos que yo puedo inculcar a los demás en este momento pueden ser muy diferentes a los que tendré en el futuro. Concluyo pues que en estos aspectos que resultan tan fundamentales hay que ir con pies de plomo y es mejor dedicarse a informar y expresar una opinión razonada antes que pretender influir demasiado.

viernes, 29 de mayo de 2009

Neill Dixit 2


“La felicidad y el bienestar de los niños dependen del amor y la aprobación que les demos. Debemos estar del lado del niño. Estar del lado del niño es darle amor, no amor posesivo, no amor sentimental, sino conducirse con él de tal manera que sienta que se le ama y se le aprueba”.


Amor. Aprobación. Respeto. Libertad. Bondad. Todas éstas son palabras mayores. Hablamos de la familia, de la influencia directa que tienen sobre los niños, y podemos considerar, que las personas que crecen en un ambiente rico en estas cuestiones suelen ser adultos solidarios, que aman lo que hacen, que son libres y viven como seres libres, respetando a los demás y educando a sus propios hijos en estos valores. No es raro ver a este tipo de personas en asociaciones que procuran por los demás.
Pero, ¿Es sólo la familia la que debe cargar con el peso de la construcción del alma de estos niños, auténticos pilares del futuro? La sociedad debe estimular la formación de seres humanos buenos, acompañando a los progenitores en esta difícil labor.
A pesar del relativo fracaso de la corriente libertaria, con apenas un puñado de escuelas que desarrollen plenamente las ideas fundamentales en las que se basa, el poso, la esencia de la educación en libertad esta en todas y cada una de las escuelas de nuestra sociedad.
Sabemos que existe un día internacional del niño, una jornada que se dedica a reconocer los derechos de los más pequeños. Notamos la influencia de la educación en libertad en la cantidad de actividades extraescolares a las que los niños actualmente tienen derecho, en el poder decidir el estudiar o no religión, en el que se proporcione educación sexual a nuestros jóvenes, en la educación no formal a la que todos pueden (o deberían poder) acceder, la educación popular, en los colegios podemos observar como las tutorías permiten a los niños apoyarse en los maestros cuando tienen problemas o andan algo retrasados en las clases, derecho absoluto a escolarizarse y a desarrollar sus facultades físicas e intelectuales. También tienen voz en el consejo escolar (¿asamblea?) y en las distintas comisiones, Se producen frecuentes reformas educativas buscando mejorar las condiciones de la enseñanza y prestando atención a las necesidades de los estudiantes. Hay que señalar la actual autonomía de los centros de enseñanza como muestra inequívoca del paso eficaz de la escuela libre por nuestra sociedad.
Se procura fomentar la voluntad de los niños en lugar de imponer disciplina y se aboga por la tolerancia.
Como reflexión final: ¿Fracasó realmente este tipo de enseñanza, o, es que al haber cambiado notablemente las circunstancias en la educación, entre otras cosas por la influencia de la propia Escuela Libre, mejorando la realidad, es menos necesaria la revolución defendida por Neill y por los que como él pensaban? Ahí queda eso.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Chomsky dixit

“La escuela debe comprometer a los estudiantes en la práctica de la democracia; sin embargo para lograr eso, tiene que dotar a los alumnos de instrumentos críticos que les permitan extraer el contenido ideológico de los mitos”.

Parece que está claro, la educación que se recibe actualmente, no tiene que ver nada con la que sería procedente en una sociedad tan “plural, moderna, libre y democrática” como la nuestra. Chomsky dentro de su postura radical y agresiva contra el sistema, endurece considerablemente el tono de sus apreciaciones cuando el tema central es la democracia, que para él no existe, ya que si así fuese no haría falta que nos la vendiesen continuamente como la panacea de la que todos los ciudadanos disfrutamos gracias a la “suerte” que tenemos de convivir en un mundo donde después de enseñarnos con tópicos el valor de ser democráticos(ò demócratas, que está de moda), no somos realmente libres para ponerlo en práctica, ya que no se nos proporcionan los medios adecuados para ello, no se nos enseña para poder decidir, sino para que las decisiones y posturas que adoptemos sean las que mejor le viene al poder, para lo cual recibimos casi del mismo modo que las sectas malignas que todos sabemos que existen, una pobre formación e información intencionadamente dirigida, para motivar en nosotros otros intereses y otros asuntos de preocupación distintos a los que sería lógicos, ya que estos según se nos enseña y repite continuamente, no son motivo de preocupación, porque en el tema de la democracia “estamos bien servidos”.
Como casi siempre cuando se trata de Chomsky se percibe gran alarmismo, ante lo que es una situación real, pero no irremediable, ya que cada vez más, las personas entendemos mejor las situaciones aunque vengan maquilladas o disfrazadas interesadamente y cada vez más hay menos miedo, en denunciar y descubrir las mismas.
No es lo más conveniente vivir como hace 40 años en un ambiente hippy de continua protesta y de abandono de responsabilidades, como tampoco lo es el seguir ciegamente las rutas donde nos encontramos (dejarnos llevar, es lo más fácil) que nos conducen a ser todos modélicos ciudadanos reconvencidos y seguidores de la democracia de cartón que se nos inculca. Como casi siempre, la clave es el equilibrio, ni ir por sistema en contra de lo que se nos ofrece (como Chomsky y “sus secuaces”), ni dejarse seducir por cantos de sirena vacíos de interés común, hay que ser crítico con lo que se tenga que ser y apoyar lo que se realice con buen criterio y buenas intenciones.

lunes, 11 de mayo de 2009

Neill dixit

“Miles de maestros hacen espléndidamente su trabajo sin tener que recurrir al miedo a los castigos. Los demás son individuos incompetentes que no están en su sitio y que debieran ser expulsados de la profesión”.


En apenas unas décadas se ha tornado la situación. En las escuelas de los países desarrollados es inconcebible que se realice un castigo físico o moral a un niño y que no se produzcan airadas y mediáticas reacciones que pongan al educador a los pies de los caballos. La influencia de la Escuela Libre es determinante para entender este cambio. A pesar del relativo fracaso de esta corriente, con apenas un puñado de escuelas que desarrollen plenamente las ideas fundamentales en las que se basa, el poso, la esencia de la educación en libertad esta en todas y cada una de las escuelas de nuestra sociedad. En el siglo XXI, los niños tienen derechos individuales y colectivos e incluso leyes que les protegen de cualquier agresión o abuso por parte de los adultos. Aunque la figura del educador no es igual que la de los alumnos como pretendía Neill, el maestro autoritario y represivo de antaño que era un modelo de los niños sí o sí, es hoy un guía y compañero que se debe hacer respetar no por la fuerza, sino con empatía, talento e implicación. Otro de los puntos que debemos resaltar es como los plomizos monólogos que el educador utilizaba como único medio para enseñar las lecciones, han sido progresivamente sustituidos por nuevas técnicas de enseñanza más amenas, que permiten la implicación y participación de los alumnos con innumerables prácticas y actuaciones “insitu” sobre lo que se quiere aprender. Una escuela de nuestro tiempo tiene previstas varias excursiones instructivas y divertidas a partes iguales, que se realizan durante el curso (granjas, parques de tráfico, zoológicos…).
En honor a la verdad nos vamos a plantear que quizás de algún modo se ha pasado de un extremo a otro, ya que se sabe que actualmente los niños son maleducados en su comportamiento, abusando de su privilegiada situación actual, los maestro en ocasiones se sienten impotentes para ejercer un mínimo deseable y necesario de autoridad debido a las leyes, a la opinión pública y a los padres que les convierten en culpables del fracaso social y escolar de los niños. La ley del menor es un ejemplo de que querer proteger en demasía a los niños es contraproducente si permite a los mismos actuar mal y en contra de los derechos de los demás, como cuando algunos profesores son agredidos cobardemente por padres en ocasiones, e increíblemente, por niños y adolescentes en otras. Mano dura contra estos ataques por el bien de todos es un deber.

jueves, 23 de abril de 2009

Savater dixit

“Los niños son educados para ser adultos, no para seguir siendo niños. Son educados para que crezcan mejor, no para que no crezcan…puesto que de todos modos bien o mal, van a crecer irremediablemente”
El valor de educar. Fernando Savater. Editorial Ariel.


Como diría Jesulín de Ubrique, famoso torero, la vida es como un toro…, bueno, bromas aparte sino como un toro, la verdad es que nos podíamos comparar a los árboles que crecen libres en la selva. A pesar de ser de la misma especie, cada uno de ellos crece en una dirección. Son de distinto tamaño, algunos, tapados por otros más grandes, no reciben la luz del sol, con lo que crecen en inferioridad de condiciones, otros tienen la desgracia de estar situados en un lugar donde son presa fácil de taladores profesionales y/o clandestinos…Si cuando uno de estos árboles que sabemos que su destino es crecer, en sus primeros momentos, al serle detectada alguna anomalía o problema que puede ocasionarle dificultades en el futuro, tuviera al lado a alguien que se preocupara de orientar su crecimiento y protegerle, enseñándole el camino correcto, seguramente no tendría problemas para alcanzar la luz del sol, y llegar así, a ser uno de los árboles fuertes y nobles que tanto necesita este mundo. Si alguien puede ayudar en el correcto crecimiento de un niño en su viaje a la vida adulta (sobretodo a los que más necesitan esa ayuda) y por desidia, abandono o por egoísmo cobarde no lo hiciese que resulte condenado moralmente durante el resto de sus días, por alta traición a sus semejantes.

miércoles, 22 de abril de 2009

¿Por qué hay que educar?

Hay una palabra, que bien podía definir la propagación del amor, que debemos tener por los que nos sucederán en las competencias, que nos corresponden en esta aventura que es la vida (caduca en lo físico, pero jamás en la obra, en la herencia que supone nuestra aportación a los demás), esa palabra es lealtad. Es nuestra misión depositar es este mundo en las manos de nuestros sustitutos, pero no acaba ahí nuestra labor, ya que ese legado es útil siempre y cuando hayamos comunicado y transferido a los nuevos miembros de la sociedad unos valores humanos de aprecio a la familia, a los compañeros, en fin, a todos.
El cometido de cada uno de los individuos, en especial de los que son padres, o, como nosotros los maestros, es con seguridad y solidez fijar unos principios en nuestro ser y traspasarlos a cada una de las personas, que conducirán y gobernarán este barco, que es la existencia.
Los herederos y continuadores de nuestra cultura necesitan, además, disponer de conocimientos y preparación suficientes, de cualquier aspecto que les permitan por si mismos, ubicarse en el lugar conveniente, en cada momento de su vida, dentro de la familia, en la escuela…Deberán adquirir, una voluntad firme de convivencia con los demás seres humanos, en especial con los que un día tendrán que ser formados por ellos para los cuales serán un ejemplo, esperemos, de rectitud y conservación de los valores acumulados.

DE ÚLTIMO MONO A REY DE LA SELVA

Aún me duele pensar en las hostias que le pegaba doña Genoveva a aquel niño en el patio. Han pasado más de sesenta años y todavía no me he quitado del pensamiento el momento en el que aquella maestra, ejemplo de bondad y de “savoir faire” le pegaba una paliza descomunal a un chiquillo que no estaba bien. ¡Con lo buena que era! Tanto tiempo después y aún me pregunto ¿qué le habría hecho la criatura, a aquella hermosa y perfecta mujer, que era conocida por gastar su escaso dinero, comprando caramelos, que repartía entre sus alumnos generosamente y también porque pesaba más de 130 kilos, y apenas levantaba del suelo dos dedos más, que el más alto de sus alumnos de seis años? Entonces la situación me impacto sobremanera. Yo, un niño con ocho o nueve años, presencié como esta santa perdió la cabeza e intentaba a base de golpes, como ella pensaba que debía ser, modificar la conducta de ese chaval deficiente que seguramente no entendía porque estaba recibiendo una auténtica lluvia de palos.
Don Evaristo, don Ricardo y don Santiago, eran muy malos (no como Hiltler o Stanlin, pero muy malos), eran habituales sus castigos y sus broncas, se pasaban horas y horas hablando sin parar mientras nosotros escuchábamos aburridos sus serenatas de lenguaje, matemáticas, naturales, latín, música,,,Luego pretendían que nos hubiéramos enterado de algo y, ¡Ay del que era interrogado después del sermón, y no supiese la respuesta del enigma, que se le antojase a la autoridad correspondiente a la materia en cuestión! Corrían peligro las yemas de sus dedos, que podían ser castigadas sin piedad, a través de una regla que a gran velocidad, descendía del cielo entre las manos del ogro y con una enorme precisión impactaba no menos de tres veces en su objetivo.

El copiar mil veces una frase contenedora del importantísimo concepto planteado con su fecha correcta, unas orejas de burro ridiculísimas, el permanecer dos horas de pie junto al educador, el salir varias horas más tarde de clase (aunque aquello supusiera que el docente acabase también ese mismo tiempo tarde), el estar de cara a la pared de pie o de rodillas con libros encima de las manos pegadas a los brazos que estaban en cruz (véase cualquier tebeo --sí, tebeo. No cómic.-- de Zipi y Zape de Escobar) son cosas de las que ninguno de mis compañeros de fila o de columna y yo mismo nos habíamos librado en alguna ocasión. Claro, ¿Cómo iba a saber yo lo mismo de matemáticas que tanto me gustaban como de lenguaje o latín, asignaturas de las cuales no quería saber nada y ellas de mi menos? No me enteraba de nada, y aunque a veces estaba cerca de comprender algo, tenía tanto miedo de hablar que no fui capaz jamás de preguntar si podían repetir la última frase o si podían explicar el significado de alguna palabra que jamás había oído. Nadie se planteo si una cosa me iba mejor que otra o cual era el motivo de que alguna asignatura me fuera francamente mal. Y sobre todo, ninguno de ellos supo nunca que es lo que me gustaba a mí.

Con todo lo que he contado, lo cierto es que a lo máximo que llegaron cualquiera de estos dictadores, fue a pegar un bofetón a alguno de los compañeros que les contestaron mal en alguna ocasión, un bofetón que era complementado inmediatamente con otro si no mayor, si similar del progenitor de turno cuando llegabas a casa, un bofetón que te quitaba las ganas de faltar al respeto a nadie en tu vida. Eso si que era bueno, te pegaba el cafre del maestro y luego tu padre se ponía de su lado y te arreaba también. En numerosas ocasiones pude observar como mis padres les llevaban los mejores pepinos y los melones más dulces a esa banda de tiranos, claro que no eran los únicos, otros padres les llevaban las gallinas más grandes y los huevos más gordos y aquellos que tenían dinero y poder aún les ofrecían mejores presentes ¿agradeciéndoles? lo que hacían por nosotros. Las mejores notas para sus hijos ¡Qué sinvergüenzas!

El tener familiares en el extranjero, me permitió el poder viajar y conocer otros países cuando alcancé la mayoría de edad. La mayoría de ellos sobre los trenes y los autobuses en los que viajé, pero sobre todo, me permitió el poder leer otra clase de libros y escuchar otras noticias independientes, que no hablaban de las virtudes del régimen y del ritmo vertiginoso de construcción de pantanos como churros, que podrían abastecer de agua a toda España durante siglos. En esta etapa de mi vida es cuando pude reflexionar y decidí escribir. Yo que no soportaba el lenguaje, acabé hipnotizado por las letras, ensimismado con la lectura y análisis de libros revolucionarios para mí, Libros que devolvieron a mi memoria a aquel niño, el último mono del sistema educativo, cuando era fustigado por el ángel ancho.
Las ansias por cambiar algo en la educación surgieron a medida que me iba enamorando del método Montessori. Nacido de las ideas visionarias en el campo educacional de una maestra italiana con el mismo apellido. También tuvieron gran influencia en mi actitud autores norteamericanos como Dewey, que apostaban por un criterio educativo innovador, que tenía en cuenta las características particulares de cada individuo. No como los maestros de toda la vida. Estos autores y otros con planteamientos similares entendían la educación como una preparación para la vida de cada uno de los alumnos. Un alumno es una persona única con circunstancias y condiciones singulares, y sobre ellas y sobre las perspectivas que mejor se adapten al educando, buscando cubrir las necesidades que hoy tienen y que mañana serán otras, se potencia el desarrollo de cada persona en una atmósfera alentadora de la autodisciplina interna, un clima de colaboración que motiva al alumno a buscar el adiestramiento de sus facultades teniendo al maestro como el perfecto compañero que ayuda en una decisión complicada y que defiende el derecho a elegir libremente su futuro. El educador, guiará. El educador, orientará y favorecerá una formación dirigida a que cada alumno sea capaz de controlar y mantener su propia vida, la que él quiera.

Cargado de ilusión me propuse que mis futuros hijos y todos los futuros hijos del mundo disfrutaran de una educación que entonces consideraba modélica y me puse manos a la obra para conseguir esa meta. El paso de los años me permite ver desde una perspectiva madura el impacto que tuvieron estos autores y más concretamente sus teorías en la educación.

La ramificación de las materias educativas en los institutos y universidades que permiten a cada estudiante escoger un camino más relacionado con las ciencias u otro más relacionado con las letras, el que haya tutorías personalizadas disponibles para el alumnado que sirven para reforzar conocimientos o recuperar ausencias, el que haya asignaturas que se trabajen en grupo, la cantidad de asignaturas que continuamente amplían y renuevan nuestras opciones a elegir, la educación para adultos y la aparición de psicopedagogos como miembros ya habituales y consagrados en nuestros colegios e institutos son algunos de los cambios con el sello especial de la escuela Nueva.

Aún estaba asimilando el torrente de esperanza que recibía nuestra sociedad con las ideas (antiguas en el tiempo y modernísimas en contenidos y métodos) de la escuela Nueva cuando a través de un amigo inglés conocí la historia de Summerhill, una arcaica escuela hoy en día que practicaba un tipo de educación insólita y controvertida en aquellos tiempos y aún hoy. En Summerhill la educación es libre y voluntaria. Los niños, de edades comprendidas entre los siete y dieciocho años, eligen si quieren estudiar o jugar, por ejemplo. En un país, según me comentaba mi amigo con gran tradición religiosa, los niños que en casa o en otras escuelas eran obligados a asistir a la iglesia como mínimo una vez por semana tenían libertad absoluta para poder decidir su concurrencia o no a los actos religiosos. En cuestiones sexuales se educa sin tabúes, el único motivo por el cual los niños y adolescentes de ambos sexos no duermen juntos es porque las leyes lo prohíben. En esta escuela y en todas las escuelas Libres del mundo el objetivo es aprobar al alumno en todo lo que haga, estar siempre de su lado. Para ello se necesita la participación intencional del niño que él mismo decide cuando será efectiva. El instructor procura crear un buen ambiente en el aula y propiciar el aprendizaje automotivado tan característico de la escuela Libre. En Summerhill, en todas las decisiones que resultan básicas para la escuela, hay participación de los alumnos, no sólo en opinión, sino también en voto en unas asambleas en las que se plantean los problemas y los nuevos retos. Hay una fluida comunicación entre todos los estamentos del centro y un trato de igualdad absoluta para adultos y niños.

El objetivo de esta escuela y de todos los ideólogos que sostienen la viabilidad y la necesidad de este tipo de enseñanza (Ferrer i Guàrdia, Illich, Tolstoi, Rogers y Colom, entre otros), es el bienestar y la libertad de las personas que se educan, para conseguir individuos que sean capaces de dirigir su vida con autonomía. Pude ver no hace mucho tiempo en la televisión, como entrevistaban a antiguos alumnos de Summerhill. De veinticinco personas consultadas todas, absolutamente todas, tenían buenos recuerdos de la escuela y de los educadores que allí encontraron y aseguraban que no se arrepentían de haber vivido aquella experiencia allí, durante esos años y, curiosamente, las veinticinco respuestas a la pregunta, ¿llevaría usted a su hijo a estudiar a Summerhill? Fueron un no rotundo.
La autonomía que tiene cada centro para desarrollar su plan de trabajo, el que haya consejos escolares en los cuales todos los estamentos están representados, el que se apueste por la autogestión como una de las claves del desarrollo, el que la religión sea optativa, el que haya aparecido una asignatura como educación para la ciudadanía, la educación popular, el que haya actividades extraescolares y materias complementarias tienen en su origen la semilla de la escuela Libre.
Pude vivir en primera persona la revolución de Mayo del 68, una auténtica revolución social y cultural que aunó a estudiantes y obreros en la lucha por la libertad. Una revolución que resultó aplastada en términos físicos pero que supuso un triunfo total en determinadas cuestiones sociales, para las cuales hubo un antes y un después de aquellos hechos. Entre otras cosas fue el principio del fin del autoritarismo en la enseñanza.
Prendado de las ideas de Freire, un auténtico rebelde social sudamericano, un insurrecto alborotador de las masas y empujado por un espíritu marxista inquebrantable, armado de una insultante juventud que me convertía en invencible, luché con toda mi alma siguiendo los dictados de los líderes, personajes que iban a morir en la lucha contra el poder y que acabaron vendiéndose míseramente y lo que es peor traicionando a sus compañeros de lucha por un puesto de relativa responsabilidad en la casa de su enemigo. Es el reto más importante que tienen los líderes críticos, superar la mutación que se produce cuando te ofrecen solucionar tu propia vida y la de los tuyos, a cambio de dejar de ser un grano en el culo de los jeques del capitalismo. Todo el tiempo sugiriéndonos lucha, defensa de nuestros derechos ante la injusticia capitalista, tanto grito de libertad para terminar humillados por unos y defenestrados por otros.
Las ideas de Flecha, de Freire, de Makarenko…persiguen el concienciar a las personas más desfavorecidas de la necesidad de ser críticos con las injusticias, apelan a una libertad que no existe debido a la opresión y tiranía de los que tienen el poder. La finalidad es lograr la completa igualdad de los individuos, que deben luchar de manera organizada para lograrlo. La autoorganización y la autodisciplina son dos de las cuestiones clave en la concepción de escuela libre. El maestro autoritario pasa a ser parte del baúl de los recuerdos y se convierte en un coordinador con la facultad de dirigir cuando sea necesario, aportando su experiencia y sabiduría en los asuntos que realmente por su condición sea necesaria su intervención más allá del papel del moderador. Freire y compañía han legado a la escuela actual una serie de reformas educativas que han tenido lugar en los últimos años, una gran variedad de asignaturas que nos ponen en bandeja de plata la posibilidad de elegir nuestro rumbo, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, los debates en el aula, la educación gratuita y el cambio de posición de la humanidad con respecto a los asuntos ecológicos, a los problemas medioambientales, como el cambio climático. Estos son algunos ejemplos de lo que quizás nos habríamos perdido si los críticos no hubiesen existido.

Toda mi vida la he pasado luchando por unos ideales que posibilitaran que las personas fuesen libres, que pudieran elegir su propio destino y que fueran conscientes de la realidad que vivían. Toda mi vida.

Me pregunto, ¿ha valido la pena? ¿En realidad ha supuesto algún avance? ¿Se ha terminado con la tiranía en las aulas? La respuesta es clara, todos conocemos a través de los medios de comunicación la situación casi extrema que soportan algunos maestros y pupilos en el aula. El acoso a compañeros y educadores ha convertido el espacio educativo en una selva. Una selva donde hay un rey: el alumno. Demasiados derechos. Achaco las causas del desmadre a que a los educadores y a la sociedad en general se les ha ido la mano a la hora de apoyar la autogestión, la libertad y la posibilidad de ser críticos, en concreto creo que las distintas teorías son magnificas en el fondo, realmente han resultado enriquecedoras en algunos aspectos y, que en la forma de impartirlas, en el proceso de aplicarlas al alumnado, es donde han resultado deficientes, ha faltado encontrar un cierto equilibrio entre lo que se puede hacer y lo que es conveniente y práctico hacer, también es bueno saber echar el freno cuando es necesario, pero claro es “inaceptable” el poner freno a los niños. Era necesario interpretar las distintas teorías de un modo abierto y ecléctico. En su afán de posibilitar la igualdad de los alumnos, los maestros han pasado de ser unos dictadores que asustaban, a ser unos profesionales que merecían un respeto, de ahí a “colegas progres” de los alumnos y hoy se arrastran suplicando la aceptación y la aprobación de los educandos. El maestro, que tradicionalmente se ha ido desentendiendo del poder llegando a ser un instrumento tremendamente crítico y muy efectivo, ha visto como le explotaba en los morros el producto de su esfuerzo y hoy quizás sea necesario recurrir al sistema para que ponga un poco de orden en las escuelas.

Diferentes actitudes adoptan los profesionales ante la situación, unos se limitan a cumplir su horario sin complicarse la vida y otros luchan por cambiar algo de este maremagno, aunque estos van desistiendo a marchas forzadas ante lo complicada que es la situación. Otro dato es la cantidad y calidad de las leyes de menores, que los alumnos conocen perfectamente y que aplican a su gusto. No tienen miedo, saben que tienen todos los derechos y que cualquier mala acción quedará impune. Los estudiantes que no crean problemas y que buscan la libertad sin perjudicar a nadie, que son respetuosos y educados, que tienen valores y son disciplinados, son una especie en claro peligro de extinción como el lince ibérico, el oso pardo y el urogallo pirenaico, de los que apenas queda un recuerdo.

Hoy es un día importante para mí. Marcho en una caja de pino al cementerio. El lunes pasado mi nieto de quince años, Alejandro, fue detenido por haberle pegado una paliza a un maestro en compañía de otros jóvenes como él. Al igual que le pasó a doña Genoveva, pega porque cree que es el camino, es lo que ha mamado en la escuela, en la televisión y en Internet. Al enterarme sufrí un infarto que al final, después de tres días de agonía me ha enviado al otro mundo. Al día siguiente, mi nieto fue puesto en libertad. Hoy ha venido tarde, no ha llegado a tiempo a la ceremonia religiosa que mi mujer y mis hijos han dispuesto para mi sepelio porque estaba jugando a las cartas y fumando porros con sus amigos. ¡Porca miseria!

martes, 21 de abril de 2009

Educador en España. ¿Loco o valiente?

Los nuevos tiempos que corren, con gran variedad cultural, étnica y social en nuestras escuelas, añaden un plus de dificultad a nuestra labor, ya que intervienen nuevos factores ajenos a los que eran habituales hace apenas unos años, factores derivados de la intransigencia hacia los que son “distintos”, por parte de los que se creen los amos de este país, por ser de la raza dominante(En número, por ahora), que trasladan un miedo y un rechazo a sus hijos que se percibe perfectamente por todas las personas implicadas en esta situación, que somos todos. Claro haciendo honor a la verdad, tenemos que decir que, quizás, no todas las personas procedentes de los grupos marginales y de la inmigración, demuestran tener interés alguno en integrarse, como lo demuestran los numerosos incidentes en forma de delitos de robo, agresión, maltrato a mujeres…que llenan las páginas de los periódicos, mostrando el peor lado de la nueva sociedad, adoptada por nosotros. España, nuestro país tiene que demostrar por razones morales, humanas y también de memoria histórica (nosotros fuimos en gran número inmigrantes por razones políticas y laborales) una grandeza, que nos permita comprender, que una parte de las personas que vienen de países y culturas distintas, en una proporción similar a la de “los españoles de toda la vida”, serán personas conflictivas, a las cuales nuestras leyes perseguirán, juzgarán y castigarán.
Claro que, estos problemas noveles, son un añadido considerable a las importantes dificultades lógicas a la hora de educar, como diría Platón, al animal más difícil de manejar, que es el niño, al cual se le debe educar de modo firme y a la vez flexible, se le debe exigir y a la vez dar tregua, se le debe admirar y a la vez soportar…buscando el perfecto equilibrio, entre las necesidades del niño de jugar, divertirse vivir…y las ineludibles obligaciones que tienen como personas, de formarse inmejorablemente dentro de la sociedad en la que viven.
El que lo vea desde fuera, seguro no nos arrendará las ganancias, como dice el refrán, pero los que estemos dentro de este, a veces loco barco, nos tenemos que ver especiales, aunque sólo sea, para que no nos entre ganas de salir corriendo ante las dificultades, y, sobre todo, ante la enorme y maravillosa responsabilidad que nosotros mismos hemos decidido asumir.

miércoles, 8 de abril de 2009

NUESTRO MAESTRO

La importancia del papel de los maestros en el futuro de nuestra sociedad, nos obliga a exigir la excelencia en cada uno de ellos. Es indispensable una gran vocación educativa que permita un óptimo rendimiento en un trabajo realmente complejo y en ocasiones ingrato, pero generalmente enriquecedor y satisfactorio, que forma la base de lo que un día será el motor de todas las naciones de la Tierra. Aquellos hombres que dirigirán los designios del mundo en breves años, hoy necesitan una formación responsable en conocimientos teóricos y prácticos, así como una educación dirigida a potenciar y desarrollar las diversas capacidades intelectuales, físicas, afectivas, sociales, morales…
Para ser maestro no sólo hay que disponer de un título que lo acredite y aprobar unas oposiciones, ese es el camino técnico. El que piense que con dar clases cumpliendo un horario y posteriormente examinar y evaluar ha cumplido con su tarea, no tiene sitio en nuestra escuela. Una persona que decida asumir la responsabilidad de educar, tiene que ir mucho más allá.
Nadie dice que esto sea fácil, es enorme el sacrificio que requiere esta profesión, que además es poco reconocida y remunerada, es un camino lleno de incertidumbres y dificultades, que necesita mucha preparación y un máximo compromiso de los que se aventuren a acometerla. El premio es el más grande que una persona pueda recibir jamás, el ser participe de la formación de unos individuos como personas en la sociedad. ¿Vale la pena o no?
Una de las funciones que el maestro debe cumplir es la de fomentar el desarrollo de las cualidades creativas de cada uno de sus alumnos, así como el preparar las condiciones idóneas, para que cada uno de estos sea consciente de la realidad y no de una impuesta por el sistema, siendo una cuestión de máxima importancia, que de alguna manera les ayudará a ser individuos libres e independientes, preparados para ser unos miembros de la sociedad críticos y valientes y no meras comparsas de sus dirigentes.
Los niños necesitan de alguien que les cuente como es el mundo a su alrededor y que les enseñen a desenvolverse en el mismo, pero también necesitan que se les acompañe en este viaje, que se les oriente y se les avise de los peligros, ayudándoles a relacionarse con los demás y a desarrollar sus propios criterios.







Características personales y profesionales

Nuestro maestro debe ser antes que nada una persona que se cuide, sólo si él mismo se cuida, podrá hacer lo mismo con los demás.
Debe tener autoridad y hacerse de valer y de respetar por sus alumnos.
Debe ser una persona con valores intachables de comportamiento y humanidad, siendo el optimismo, la empatía y la amabilidad unos de los más visibles para conseguir contagiar a los demás de los mismos.
Tiene que ser solidario, dándolo todo en aras de conseguir sus objetivos educativos, los cuales conseguirá con grandes dosis de paciencia, con humildad, con la mayor entrega y también con bravura y valentía. En estos puntos anteriores el maestro es el ejemplo en el que se fijarán los niños, una referencia y un auténtico modelo a imitar, así como en otras de las virtudes éticas, de responsabilidad, de compromiso social y personal que serán asumidas e interpretadas por los alumnos que estarán a su cargo, para lo cual estas virtudes deberán estar fundamentadas en unos valores sólidos y sin fisuras, propios de una persona justa y con ideales. Serán ejemplos positivos de conducta que ayudarán a crecer y a formarse a sus alumnos.
Nuestro maestro será resistente a la frustración y a los contratiempos que previsiblemente intentarán abatirle.
En cuanto a su faceta como profesional es fundamental entender y gestionar la diversa realidad de esta sociedad multicultural y multicolor y ofrecer un trato de igualdad para todos sus alumnos, independientemente de su estatus social, ideas, raza, etnia, género…Debiendo el educador hacer hincapié en el refuerzo de los niños que por una u otra circunstancia necesiten ayuda, aunque para ello tenga que hacer un esfuerzo extra, fuera de su horario o clase, incluso negociando con las familias de los niños marginales para pedir la asistencia a clase o algún tipo de ayuda, para lo cual deberá procurar conocer al niño y a su entorno, así como los conocimientos que sus alumnos tienen sobre las materias que le permitirá percatarse de sus deficiencias para poder incidir sobre ellas aplicando la metodología que requiera cada alumno.
El maestro ideal tiene que tener espíritu de mejora y de constante formación, actualizando sus conocimientos y adecuándolos al espacio y el tiempo del entorno en el cual desarrolla sus clases, siendo prioritario la total comprensión de los nuevos métodos y tecnologías que facilitarán, completarán y mejorarán su tarea, aunque al principio suponga una contrariedad asimilar los nuevos conceptos y procedimientos por cuestiones de costumbre o comodidad. Todo es por el bien de los niños. En este punto tendrá la responsabilidad la administración de poner los medios y fomentar la renovación constante de los conocimientos y técnicas de los docentes con el fin de optimizar su preparación y por consiguiente su resultado en forma de mejor formación de los niños. Aquí citamos a Jacques Delors en su libro la educación encierra un tesoro: “a los docentes les concierne también este imperativo de actualizar los conocimientos y las competencias. Hay que organizar su vida profesional de tal forma que estén en condiciones, e incluso que tengan la obligación, de perfeccionar su arte y de aprovechar las experiencias realizadas en las distintas esferas de la vida económica, social y cultural. Esas posibilidades suelen preverse en las múltiples formas de vacaciones para educación o de permiso sabático. Deben ampliarse estas fórmulas mediante las oportunas adaptaciones al conjunto del personal docente”.

Nuestro maestro tiene que ser alguien capaz, creativo, inventivo, que sepa transmitir sus conocimientos, que sepa escuchar, pero sobre todo que sea democrático y que busque enseñar la verdad, con un punto de neutralidad en lo que se puede ser neutral, pero intransigente en las cuestiones donde él crea que los niños necesitarán una educación con un poco de parcialidad, por razones de tipo moral o humanitario por ejemplo. Cuando la conciencia le marque el fin de la neutralidad en ciertas cuestiones, procurará orientar al individuo hacia donde crea conveniente, en lugar de dejarle elegir a su libre albedrío.
Los maestros de nuestra escuela son libres y forman ciudadanos libres.
Es un motivo de orgullo el navegar en este barco, el de la enseñanza, donde unos valientes intentamos de alguna manera mejorar un mundo en constante evolución “atacando” directamente a los pilares que lo sostendrán en un futuro no muy lejano.
Los miembros de nuestro grupo igual que el resto de los compañeros de nuestra clase, seguro, cumpliremos con honor nuestra importante y trepidante misión, elegida por nosotros con toda la disposición y vocación del mundo.