“Es el maestro quien ha de transmitir al alumno lo que la humanidad ha aprendido sobre si misma y sobre la naturaleza, todo lo que ha creado e inventado de esencial”.
El maestro que se prepare a conciencia, el que tenga inquietudes, espíritu de mejora, interés por seguir preparándose, el que sea optimista…Este es el maestro responsable que requiere la sociedad actual. El maestro que se dedique a “cumplir” la tarea, pensando en acabar e irse a casa sin reflexionar, sobre los puntos en los que puede ayudar a tal o cual alumno, cuando estos(frecuentemente) lo necesiten, no aportará nada a los demás, convirtiéndose con su actitud, en un lastre y en un auténtico parásito, que con una plaza ganada en examen, pero suspendida moralmente de manera estrepitosa en la práctica, supondrá un tapón, para aquella persona que desde abajo empuja fuerte con ideales y valores. El maestro tiene que estar en forma cuando se habla de interés y de preparación y estar perfectamente informado, de los cambios que continuamente se producen en la educación y la sociedad. Todo esto forma la base del tipo de maestro que necesitamos, siendo (con permiso un poco vulgar) un “tío”(o una “tía”) con sustancia, alguien que de verdad pueda transmitir, todo lo que un niño necesita aprender.
Rancios, apáticos, vagos, maleantes, acomodados, rácanos en su esfuerzo ¡márchense a casa!, que les tenemos calados.

