Bueno, después de unas, creo yo, merecidas vacaciones blogueras, me pongo en marcha otra vez. Hay muchos temas de los que me apetece hablar en los próximos días, pero hoy en mi toma de contacto con vosotros tras el parón, os muestro unas fotos de Croacia, país que recorrimos de sur a norte en su totalidad y también alguna de Eslovenia, bellísimo, aunque por su parecido con otros países alpinos, ya visitados por nosotros como Suiza, Austria...nos sorprendió bastante menos.
¿Lo que me ha gustado del país? Me quedo con su clima, sus paisajes, sus playas poco masificadas(por ahora)y con un agradable aroma combinando el olor del mar y el de los pinos, el sentimiento de nación que poseen sus gentes y la capacidad que han tenido para reponerse muy pronto de la guerra, los helados de la heladería del casco antiguo de Dubrovnik (la segunda entrando por la puerta piles), la increíble pizza que comí en Zadar (acompañada de dos excelentes cervezas), un parque natural de cuyo nombre no puedo acordarme, El que sea un país hoy asequible para el turista medio (esto no será así en muy pocos años, vaticino)la propia ciudad de Dubrovnik, con sus murallas, su puerto, sus islas vecinas, su ambiente, sus atardeceres...
Alguna cosa que me gustó menos sería la alocada manera de conducir de algunos croatas(riesgo para todos de verdad), la cara de algunas personas que en época de guerra sufrieron y hoy no lo pueden ocultar, el que las mayorías de cartas y guías estuvieran hasta en diez idiomas y en muchos casos, no el español, los campos de minas que vimos un día que decidimos tomar una ruta alternativa, el como te agobiaban los camareros y propietarios de algunos de los "mejores" restaurantes de Drubovnik, que me "obligó" a fingir una conversación telefónica para seguir paseando y elegir libremente el sitio para cenar. A la salida del país a pocos metros de la frotera con Eslovenia, nos atendió la única persona maleducada e impertinente que vi en todo el viaje, era un chica joven y maja por fuera, pero con un fondo, como mínimo, dudoso. Trabajaba en el peaje de la autopista que aparece sin esperarlo y como por arte de magia, cuando ya estás casi en Eslovenia, ¿Qué culpa tengo yo de no saber croata? El tratar con este mamífero es el peor recuerdo de este viaje.
Alguna cosa sorprendente, podría ser como nos reconocían como españoles camareros que nos observaban a varios metros, sin oírnos hablar. Se nos notaba (esto me llena de orgullo y satisfacción).
En la primera foto podéis verme en mi estado natural frente a la cámara: ojos siempre cerrados. En la que está tras estas líneas, milagrosamente lo consigo.
Me alegro de estar aquí otra vez.

